“Don’t
worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as
trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum.“
No podemos encerrarnos en casa asustados pensando que si
salimos tal vez nos caiga una maceta encima de la cabeza. Y tampoco podemos
vivir siendo demasiado pesimistas, hasta hay quien dice que las personas más
negativas atraen el mal. Y realmente, nuestro enfoque juega un papel muy
importante en cualquier hecho, de modo que ver las cosas desde un mundo
multicolor puede ayudar a no perder la sonrisa. Hay que evitar que el miedo
domine nuestro día a día, conseguir que no limite nuestras oportunidades. Sentir que tú vida ha merecido la pena. Aceptar tus decisiones del pasado y afrontar las del futuro con entusiasmo. Despreocuparse. Es
todo un reto, como escribir este blog, pero todo gran reto superado implica una
recompensa.
“The real
troubles in your life are apt to be things that never crossed your worried
mind, the kind that blindside you at 4 p.m. on some idle Tuesday.”
Lo cierto es que a todo el mundo le ocurrió, le ocurre o le
ocurrirá algo inesperado que lo destruirá. A todos, a aquellos que arriesgan de
más y a aquellos cuya vida está dominada por el temor, si es que eso se puede
llamar vida. De repente. En el momento menos esperado. Justo entonces. Por
sorpresa y sin avisar, sin remedio u oportunidad. Más o menos grave, pero, en
cualquier caso, doloroso. Puede tener forma de noticia o de imagen
proporcionada por tus propios ojos. Puede afectarte directamente, a ti, a
alguien a quien quieres, o puede que te toque ver sufrir a gente conocida.
Cuando pasa algo así, antes de que sepas siquiera si merece la pena tener
esperanza, te bloqueas. Puede que solo sea un susto que deje mal sabor de boca
o puede que realmente sea el inicio de un serio problema. Pero solo el hecho de
recibir el impacto te vuelve loco.
Cada persona tiene su propia forma de
reaccionar. Por un lado están aquellos que tienden a arriar su bandera frente
al cabo de poca esperanza como Joaquín Sabina y por otro, los valientes, los
que no se rinden ni ante las evidencias. Pero personalmente, creo que seas como
seas, en ese momento amargo, antes de procesar y de saber realmente lo que ha
pasado y cuáles serán las consecuencias, tu cabeza se inunda de pensamientos.
De lamentos. De arrepentimientos. Puede que recuerdes muchos momentos y sientas
que no has sabido aprovecharlos. Que te des cuenta de todo lo que no has dicho,
de todo lo que no has hecho y te gustaría poder cambiar. Porque a mí
muchas veces me han entrado ganas de algo que, tras pensarlo y meditarlo un
poco, concluyo que es una tontería, una bobada, que ¡qué vergüenza! E inevitablemente siempre
llega un momento en el que te arrepientes de no haberte atrevido a ser boba y
tonta por un instante. Porque hay tonterías e insignificancias que se agradecen. Pero es tarde para volver atrás. A menudo este bombardeo cerebral está acompañado de un sentimiento de culpabilidad.
Que si por qué no lo habré previsto, que si por qué no he hecho nada por
evitarlo… Pero como ya quedó dicho, en palabras ahora de Ed Sheeran: “the worst
things in life come free to us.”
Porque hay sorpresas y sorpresas.Y, por mucho que nos cueste asumirlo, no conseguiremos que no nos sorprendan. Por algo las llamamos sorpresas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario