Se recostó apoyando la cabeza sobre el borde de la bañera, todavía algo fría, creando un placentero contraste con su interior. Se dejó allí, rendida a la música; con un último "Bang bang, my baby shot me down..." los compases finales dieron paso a un silencio en la radio, que rompió el locutor anunciando el siguiente éxito que se escucharía.
Cogió la esponja y comenzó a frotarse muy lentamente, a conciencia, como si acabara de salir de una mina y tuviera que ir limpiando poco a poco el hollín de su cuerpo. Primero los brazos, unos brazos frágiles, heridos, para después pasar al pecho y al vientre plano, por el que deslizaba poco a poco el jabón, hasta que se unía al agua.
Cuando acabó con las piernas había pasado media hora desde que había entrado, y el agua estaba algo más tibia, así que abrió el grifo de nuevo. En la radio habían pasado a un programa informativo, así que aprovechó para levantarse y apagarla, al hacerlo dejó un gran charco en el suelo, no importaba.
Cerró el grifo y los ojos al entrar en la bañera de nuevo, y cogió la cuchilla. La había comprado antes de llegar a casa, aunque ahora apenas lo recordaba. Entonces, metió el brazo izquierdo en el agua y realizó el primer corte, apenas lo notó, lejano, y pronto el agua empezó a teñirse de rojo alrededor de su muñeca. Instantáneamente realizó otro corte y dejó caer la cuchilla.
Volvió a recostar la cabeza en la bañera, y por fin lo sintió, por fin encontró aquello que buscaba, paz. Sentía que por fin era libre, que caía y caía, sin ataduras, sin preocupaciones. No le preocupaba el golpe final, la muerte, sólo era un medio, el único que había encontrado para llegar allí. Nada la importaba si con ello podía conseguir esta sensación, al menos unos minutos más.
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