Nathan apuró el último trago de la cerveza, brindándose así una oportunidad para acercarse a la barra. Se levantó, se peinó y caminó hasta ponerse al lado de María, pero sin atreverse a mirarla a los ojos pidió otra cerveza. Cuando ya se la habían servido se permitió echar un vistazo a su derecha, y ahí estaba, primero vio sus manos, que jugueteaban por el mostrador con la chapa de la cerveza que ella se había pedido, y luego fue subiendo hasta la cabeza, en la que brillaba una sonrisa despreocupada y una mirada concentrada en sus manos, que parecía no haber notado su presencia. Al cabo de dos minutos Nathan reaccionó y avergonzado miró a las pocas personas del bar intentando averiguar si habían notado su embobamiento, pero parecían demasiado ocupados con sus cosas por lo que supuso que había pasado inadvertido.
Aún seguía regodeándose en su buena suerte cuando el camarero puso otra cerveza delante de María, y como en un sueño o una pesadilla un: "De parte del caballero de su izquierda" salió de su boca. Al instante siguiente tenía los ojos de María clavados en él, ahora inquirientes. Bien, parecía que el camarero si había notado su especial atención por María, y que de paso había decidido hacer algo al respecto, jugando a tirar los dados del destino. Justo después de que eso cruzase su mente se dio cuenta de que María seguía mirándole, y que probablemente esperaba una explicación.
- Eso es en agradecimiento por las monedas de esta mañana.
-Espero que no hagas eso con todos los clientes, o no creo que tu trabajo sea muy rentable- Vaya, María estaba impresionada porque siquiera la recordara.
- Emm... bueno... es que a todos no me les encuentro a las 3 de la noche en un bar. Sino tendría que replantearme el hacerlo sí.
Los siguientes instantes pasaron muy lentos, ninguno de los dos parecía saber como seguir la conversación, de todos modos, que le tenían que decir a un extraño con el que apenas habían cruzado dos miradas en un par de ocasiones. Sin embargo ambos se sentían cercanos, de una manera que sólo la gente que ha vivido algo así puede entenderlo, así que no se dieron por vencidos y se levantaron, para dejar que cada uno siguiera con sus vidas. En uno de esos instantes de duda y cierta incomodidad María levantó la mirada, decidida a agradecerle la cerveza y preguntar algo protocolario que la permitiese seguir con él un rato más, pero en ese instante se encontró con sus ojos, unos ojos grandes, tranquilos, redondos y verdes, de un verde que lo inundaba todo, como un basto prado del que no podía salir, pero del que tampoco querría hacerlo.
De repente María encontró en esos ojos un recuerdo de su pasado, uno del que creía haberse deshecho hace mucho tiempo, y sin darse cuenta se encontró con otros ojos, unos ojos verdes, pero mucho más viejos, hechos de sueños olvidados, y que estaban envueltos en llamas. Aún así estaban calmados, sólo transmitían pena, pena por ella, hasta que el dolor los hacía irreconocibles, y entonces el recuerdo se esfumó. María se levantó corriendo, farfulló un gracias y se encaminó a la puerta lo más rápido que pudo, dispuesta a volver a la habitación del hotel sabiendo que allí tampoco calmaría sus recuerdos, que no había logrado huir. Que ingenua había sido.
Nathan solo pudo quedarse sentado, contemplando como se iba, no entendía nada, todo parecía ir bien hasta que de repente le había agradecido la cerveza y se había ido. Esta vez ni se molestó en comprobar si alguien lo había visto, no importaba.
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