Te apetece escribir. Pero no sabes sobre qué. Simplemente te apetece escribir. Sientes que algo fluye dentro de ti, te sientes vivo y concluyes que esa energía interior que te impulsa tiene que salir en forma de palabras. Llega el momento de enfrentarse a esa hoja de papel en blanco, a la que le tienes miedo. Pero no debes darle vueltas. Debes escribir, dejar que fluya, liberarte. Habla sobre una piedra o sobre lo que has hecho hace unas horas. Pero escribe. Sé. Vive. Habla. Exprésate.
Yo tengo la costumbre de pensar todo demasiadas veces. Igual que le di vueltas al tema de este texto antes de empezar a escribirlo, le doy vueltas y más vueltas a todo.Yo y muchos más, o muchos más y yo, si es que es más correcto. Supongo que nuestra naturaleza humana incita a eso. Bien me enseñaron que, aunque la teoría es importante, sin práctica es inútil. Y sí, el carpe diem está muy bien. Está genial si somos capaces de llevarlo a la práctica. Y aun siéndolo, muchas veces recaemos y nos olvidamos de esta filosofía de vida por un momento. Mirar para atrás, mirar hacia delante, mirarse en un espejo. En ocasiones es inevitable. A veces nos hacemos un lío con tres tiempos verbales que están muy bien relacionados. Porque, al fin y al cabo, este instante fue futuro, es presente y será pasado. Una relación estrecha que en ocasiones desemboca en solapamiento.
En cuanto al futuro. Es importante tener claro que es necesario vivir el presente. Disfrutarlo y despreocuparse, porque por mucho que se planeen las cosas cualquier imprevisto puede provocar un cambio, de modo que es mucho más útil estar preparado para todo. Vivir más y pensar menos. Aprender a estar en armonía con lo que tenemos sin intentar anticiparnos a algo que es muy superior a nosotros.
En cuanto al futuro. Es importante tener claro que es necesario vivir el presente. Disfrutarlo y despreocuparse, porque por mucho que se planeen las cosas cualquier imprevisto puede provocar un cambio, de modo que es mucho más útil estar preparado para todo. Vivir más y pensar menos. Aprender a estar en armonía con lo que tenemos sin intentar anticiparnos a algo que es muy superior a nosotros.
En cuanto al pasado. Lamentarse por lo ya ocurrido es una mala costumbre que casi todos tenemos. Intentamos superar nuestro pasado, pero este vuelve a nosotros, o al menos a nuestra pequeña cabeza, aunque estemos deseando echarlo. Tal vez esto es causa de las vueltas que les damos a las decisiones antes de tomarlas. El temor a que esa sensación de arrepentimiento nos invada en un futuro (ya estamos pensando en el futuro de nuevo). Ese sentimiento de culpa que vuelve y vuelve aun cuando estábamos seguros de que se había ido para siempre. Pero todos sabemos que siempre y nunca son palabras peligrosas de las que no nos podemos fiar. Lo que hay que tener claro a la hora de decidir es que nos podemos equivocar. Y también que mirar atrás y judgar es muy sencillo; una vez que sabemos las consecuencias es muy fácil evaluar el camino que se eligió. Debemos aprender a respetar a nuestro yo del pasado. A aquel que tomó sus opciones, meditó e hizo que la balanza se inclinase con un porqué en la mente. Hay que respetar al yo del pasado, vivir con el yo del presente y guiar al yo del futuro. Eso es lo que hay que hacer.
¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Hacia dónde la estoy dirigiendo? ¿Me he equivocado en mis decisiones pasadas? Quizás la respuesta a todas estas preguntas sea única. Quizás la solución sea la misma que aquella que me animó a escribir estas líneas cuando no sabía que quería contar. Dejar que fluya. Ser. Vivir. Y, sobre todo, disfrutar. Pensar nos hace humanos y no debemos desaprovechar esta capacidad. Pero a veces hay que saber decir no y seguir para delante. Siendo nosotros, viviendo y disfrutando.
“Do not look back and grieve over the past, for it is gone; and do not be troubled about the future, for it has yet to come. Live in the present, and make it so beautiful that it will be worth remembering” Ida Scott Taylor
¡Ah! Y ya por último... ¡No te olvides! Escribe, porque...Si escribes, es que eres. Que estás vivo y tienes voz.
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